Buenos Aires

22 de Febrero del año 2006 - 1709




ACERCA DE LA "SOBERANÍA CULTURAL", por Miguel Seipel



Nadie tiene tiempo para hacer lo que debe, sin embargo, si lo tiene para hacer lo que no debe.

El pueblo de la Nación Argentina, sabe sin retaceos de las mentiras provenientes del gobierno nacional y provinciales, sin embargo ha optado por una situación de confort y una falsa tolerancia, fundada en  la cultura de la exaltación del ego individual, sin parangón.

También el pueblo no ignora, ni lo ignoró jamás, que las promesas son totalmente infundadas, extemporáneas y utópicas. Lo mismo se puede decir de los actores, por demás improvisados cuando no dueños de una ignorancia invencible en lo elemental. Esto sumado al grado de pereza que nos domina, hace que los mismos se permitan toda suerte de errores y payasadas en el mejor de los casos, por supuesto siempre en nombre del soberano, aunque al soberano, en realidad ya no tiene la menor idea de para qué están las autoridades, y si se les puede dar algún crédito a sus lúdicos ministerios.

Desde las cámaras se preconiza con cierta malicia, la desregulación de cuanto vicio pulula sobre el orbe, so pretexto que libres de coacción el mismo desaparecerá. A modo de ejemplo, es como si se quisiera terminar con el déficit fiscal, y para esto, se auspiciara que el pago de cánones en sus diversos rubros sería librado de su obligatoriedad y quedaría a sujeto a la voluntad de cada contribuyente.

Para este carnaval conductista, con más bastoneras que pasistas, sería oportuno un golpe de gracia, que el pueblo recuperara su soberanía cultural, y con solo ignorarlos, su existencia serían anatema, porque lo que menos hacen es gobernar.

Como si cumpliesen un plan Maquiavélico, estos gobernantes jamás se percatan de sus sobreabundantes yerros, porque para ellos el error está en la Carta Magna, que hay que modificarla hasta que las velas ardan y los problemas cesen.  Pero también cooperan con estos incomprendidos, un pueblo tolerante hasta la médula. Y junto con esta tolerancia se degluten más vicios que virtudes.

La Argentina en este momento es otra Cromañon, donde el ruido y los petardos han embotado por completo sus moradores, a punto tal que esto permite a los gobernantes de turno pasar desapercibidos en este burdel del permisivismo irrestricto.
Acorde con este progreso en la decadencia, viene la educación en los claustros académicos, donde han cambiado una materia importantísima como la Educación Moral y Cívica por la instrucción sexual y pública. A su vez, haciendo su correlato práctico en las calles, donde se reparten tanto adminículos como información específica para este fin. Ahora si, no importa, no importa que nuestros jóvenes ya no sientan atracción por nada que provenga de la dignidad de la persona humana, no importa que nuestros jóvenes deambulen noctámbulos buscando la panacea de la vida en medio de la indiferencia más abyecta, no importa que roben para sobrevivir, no importa que nuestros jóvenes se quiten la vida o se internen en centros de recuperación donde les enseñan a reincidir. En definitiva han logrado que no les importe la cultura de la vida, a pesar de que ellos son el símbolo que cuadra al progreso de los pueblos prósperos, donde impera la justicia y el bien común como causa eficiente del bien individual.
Hemos construido un sistema perfecto para lo imperfecto y contranatura, eso si con la anuencia y beneplácito del soberano. Un sistema de interminables derechos e interminables muertes, sobre todo de inocentes, léase sin cortapisas aborto. Me pregunto si con esta situación, totalmente regulada para el bien, y sin dudas muy bien desreglada para la malicia, lograremos los efectos tan ansiados en días de desasosiego y tribulación social.

Como la voluntad es fiel seguidora de la inteligencia, habrá que azuzar esta potencia, para complementar el conocimiento de los primeros principios infusos, y recuperar el don de la prudencia, como objetivo inmediato del quehacer Nacional.

Quien no anhela, volver a ver ocupado los cargos conductistas por aquellas personas, que no solo gobernaron sino que fueron modelos de austeridad, sabiduría y honradez.  

Miguel Seipel
                                                                      

            




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